La Coctelera

Mas que un simple espacio, la vida entera e infinita...

Un espacio abierto sin forma ni limite, donde la palabra es el sentimiento transformado en letra.

2 Noviembre 2006

Caminando, de Chacabuco al Carmelo, con mi hija Melissa

Cada dos años, la caminata de Los Andes me tiene como participante. Desde mi primera vez, hace tan solo cuatro años, que vengo caminando años pares y por distintos pedidos al Señor, los que hago con mucha fe siguiendo el ejemplo de Teresa de Los Andes.
En el primer año lo caminé junto al Tatán y la Marshe, además claro, de otros chicos de la pastoral de San Antonio de Padua y unas amigas que no caminaron. El segundo año, la Domingo Savio me puso a caminar junto a unos peregrinos y a mis hijos de EJE.
Este tercer año, me siguen acompañando hijos de EJE y algunos peregrinos y discípulos (plan pastoral), pero he tenido la dicha de hacerlo además con una acompañante muy especial pues por primera vez, la carne de mi carne camina de Chacabuco al Carmelo.
Invité a mi hija Melissa para que caminara conmigo este año, teniendo algún grado de temor de que ella no pudiera con todo este sacrificio. Mi objetivo, mas que solo su compañía, era acercarla al Padre por medio de este trayecto que hacía la Teresita. Tenía la esperanza que ella, al igual que yo alguna vez, pudiera tener una comunicación especial con Dios y eso me inspiraba la confianza que por el contrario, mi aprehensión me hacía sentir como temor.
Así es entonces, me puse a caminar junto a mi hija, que tan solo tiene doce años. Gracias a Dios, comenzamos con un día bastante húmedo y frío, en el que nos entibiábamos caminando. Ella con sus ojitos dormidos, empezó a mirar cada cosa que veía, como disfrutando y guardando cada detalle, para que nada de lo vivido, fuera a ser olvidado.
Desde su despertar hasta el momento de comenzar la caminata, descubrí en ella una fortaleza que solo he visto en mi Clau, su madre. Ahí estaba entonces mi flaca, empezando a sorprenderse por lo lejos que las banderas y estaciones, se veían sobre el cerro. Ahí estaba ella, pidiendo lentitud al momento de caminar y comenzar la subida de esta cuesta, que a mi en un momento se me hizo imposible de seguir subiendo. Ahí estuvo ella, que a parte de cargarme el brazo con su peso, me decía estoy presente. En cada cosa que vivimos, reconocí a una mujer hermosa, a un ser bellísimo al que me apegó la vida y a quien, paso a paso, como en ese avanzar de la caminata, me hago mas dependiente en el sentido de querer estar con ella, querer compartir cosas, tenerla como mi fiel compañera y hacerla mi cómplice, de todas y cada una de las locuras que se me van ocurriendo, a veces para acercarme mas a ella y otras, para mostrarle que soy un hombre que se equivoca a veces – o muchas - pero que en el amor, peleo para hacerlo perfecto.
Así entonces caminamos por cada una de las estaciones, teniendo una que otra parada para recobrar fuerzas, comer algo, beber agua, apreciar el paisaje y sorprendernos por las distancias avanzadas; hasta llegar a la cima y a la cruz, en donde, antes le expliqué, debíamos contactarnos con el Padre y hacer el signo de llevar la cruz que nos daban, a tocar la cruz de la cima y sentir como habíamos completado un tramo muy importante con la ayuda del Espíritu Santo que en ese momento, de alguna forma tocaba nuestros corazones.
Entonces, sin una causa aparente ella se emocionó y lloró sutil pero sentidamente... miró el paisaje y me dijo que algo le había pasado. Yo, sentí que Dios había tocado su corazón y que ella, estaba teniendo el encuentro del que tanto habíamos hablado durante nuestro recorrido y, contuve mi emoción, solamente para no perderme detalles de ver a mi reina, conmigo, estando cerca del cielo.
Yo no se si mis queridos amigos se dieron cuenta de esto, pero ha sido un instante potentemente poderoso, hemos estado juntos en una cima, al lado de una cruz, con el viento en nuestras caras y con la sencilla, pero hermosa muestra de que el Espíritu Santo, nos había tocado el alma.
Paramos para almorzar y retomamos el camino mas tarde, avanzando muy rápido, casi corriendo, por esas cuestas que ahora nos impulsaban bajar. Me preocupaba un poco, pues no sabía que tan cansada estaba, me preocupaba que todo terminara tan hermoso como había empezado y para que ella, pudiera guardar solamente lo bueno y lo bello, que había sido sentirse tocada por el Padre.
Avanzamos, paramos y seguimos avanzando.. Melissa, pidió parar varias veces por cansancio, quejándose de dolor en sus pies, en sus piernas, de sus ojos cayeron lagrimas; me pidió detenernos... y aunque en un momento temí que desfallecería en su voluntad, ella me mostró fortaleza, perseverancia, amor por las cosas que cuestan, paciencia, una gran paciencia para darse animo, con el motor propio que debe haberle heredado su madre, mi Clau y sus abuelas, grandes mujeres que tomaron a cuesta, otras muchas cosas en sus vidas.
Ella, sorprendió todos mis pronósticos, ella superó cada valla, cada complicación, cada subida conflictiva con mucho sentimiento, dejando de lado a veces su malestar, para estar a la par mía; esos gestos, son cosas que muy pocas personas hacen por los demás y que solamente se hacen por amor, el amor mas eterno y absoluto, como el que debemos siempre padres e hijos, tener a la vista.
Que llegáramos tarde, que arrastráramos los pies al entrar al Santuario, que no pudiéramos con los dolores, las molestias o el gasto de la energía, eran tan solo un detalle. Ella, había sido tocada por Dios, ella se había probado que las dificultades, todas, las había superado, tal como hizo con el segundo trimestre del colegio; ella, me había acompañado por primera vez y me había hecho, el mas feliz de todos los padres del mundo. Ella, mi hija, mi reina, la única y a quien llevo a todas partes por su forma hermosa de ser, por su alegría y ahora también, por su hermoso coraje.
Melissa, soy un padre enamorado de ti, que te entregará todo lo que pueda y que sabe bien, que algún día, tendrás que amar a otros sin tener rollos por ello. Solo espero, que todo salga bien en tu vida y que sepas que mas que una molestia tienes en mi a un papá para apoyarte, protegerte, cuidarte y ser feliz, viendo tus logros.
Boom Shalom para ti.
Te amo.
Gracias Señor por la Hermosa vivencia que me regalaste.

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Apasionado, para bien y para mal, que a veces excede juicios y discusiones, pero que al menos en esencia, jamás tiene la intención de dañar. El perdón y la humildad, son un regalo que Dios ha mostrado en el tiempo y se transforman en la herramienta para redimir las heridas que a veces, se provocan. La comunicación de sentimientos, es la fascinación más hermosa de vivir, así que, aquí está para ser compartida.

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