A mi Pelusa, que está en el Cielo.
Bueno, tenía que pasar pues... Desde hace algún tiempo que venía proyectando este momento. En una oportunidad, salí al patio y llamé a la Pelusa para comer y como nunca, se demoró en reaccionar, acaso por un sueño pesado o por sordera. El tema, es que le conté a la Clau y ella me dijo que tenía que estar preparado para que algún día, la Pelusa simplemente no viniera a mi llamado.
La cosa es que ayer no contestó mis llamados, ni tampoco, me permitió escuchar sus “ladridos de bebé” con los que llamaba. En la mañana, me despertó con su “guau guau” insistente y es que, el fin se acercaba... estaba con moscas y su pelaje mojado de pichí. Estaba incómoda y como buena perrita fina, no se sentía bien. Su ladrido era para que la moviéramos. La moví y lavé el piso, la dejé finalmente, bajo el palto, que es donde últimamente se acomodaba sola... antes de que, definitivamente, no pudiera siquiera arrastrarse.
Después de haber estado toda su vida corriendo en círculos, de mañana y de tarde, para dormir en la noche... ella se había quedado inválida, sin poder moverse para ningún lado. En la mañana despertaba y ladraba, para ser acomodada al sol. Le encantaba tomar sol y cuando le daba calor, moverse. Se veía hermosa ahí, sentada, con las patitas cruzadas y la vista al frente... Claro que, ahora último, la dejábamos al sol y había que moverla después, porque se acaloraba mucho y ladraba para que la sacáramos. Casi dos meses estuvo así; la Clau o yo, la llevábamos y la colocábamos en algún lugar mas fresco. De noche, a la hora de la comida, había que apuntalarla para que comiera... ya no tenía si, esa ansiedad de antaño, para devorarse todo de una vez, definitivamente era una viejita enferma.
Simplemente se le podía ver acostada, de uno u otro lado. Ella, miraba como el infinito, pero las pulgas y las moscas, molestaban su vida. No sentía las picadas, porque estaba con todo muerto... a penas se arrastraba, pero tenía de algún modo conciencia, de ladrando, llamar nuestra atención.
El día de ayer, me despertó al lado de nuestra ventana, ladrando. La saqué y llevé a su casa. Se arrastró y salió, quedó en medio del patio con tierra y pasto en su cuerpo. Nuevamente ladró insistente. La moví esta vez, bajo el palto, donde finalmente se quedó; mientras lavaba el piso que estaba sucio al lado de nuestra ventana. En ese lugar, ladró insistente; le hablé desde la ventana y le dije que se callara, que se quedara tranquila... ladró mucho rato, para después no emitir ningún ruido. No la volvía escuchar. Era un ladrido quejumbroso, tal vez, quería que la viéramos, que la miráramos... que viéramos su cara, que demostraba cierta tristeza... tal vez, quería despedirse, aunque yo siempre, todos los últimos días, me despedía, diciéndole que le amaba... Tan solo el lunes pasado, lloré amargamente con ella... recordando como se apareció en nuestra casa, ladrándome porque salía ver quien era el perrito que precisamente, ladraba.
Salí anoche a taparla, a petición del Benja que me lo recordó. No tenía ganas de salir, como intuyendo... la cosa es que avancé hasta bajo el palto, con una vela y divisé sus ojos perdidos, y su cuerpo frío y estático. La Pelusa, debe haber fallecido en la oscuridad y sola. Eso tal vez es lo que mas me preocupa... que no hayamos tenido luz para ella, y que no le hayamos acompañado. La cuestión es que se murió y lloramos todos. Lloramos su vacío, lloramos su recuerdo. Creo que es lo único que lloramos, porque no hay culpas, creo que le dimos todo, lo mejor en su momento y a veces, también, lo poco y nada que teníamos. A pesar de los retos, los golpes, ella siempre tuvo nuestro cariño, en particular el mío que siempre estuve frente a ella como su alimentador y amo.
La Pelusa me dejó un vacío muy grande, pero una enseñanza que es mas grande aun. Ella, siempre fue fiel, hermosa e inconmensurablemente fiel... en lo poco y en lo abundante. Comió “pro plan”, pan, lo que fuera. Jamás eludió su alimentación, por muy humilde o escasa que fuera... una vez, enterró un pan que le di, como protesta... Esta mujer, jamás molestó a los niños, que incluso le pegaban (Melissa le tiraba las orejas, le metía la mano al hocico)... jamás hizo nada, solo miraba humildemente el infinito, paciente.
La Pelusa, era brava, se hacía respetar. Cagaba, mas de lo que comía y corría y corría... Alguna vez, eso molestaba, pero hoy se echa de menos.
Estas sencillas palabras, son para rendirle un homenaje a la ultima pelusa que tengo en mi vida. Estuvo la primera, pastor alemán; la quiltra hermosa y eternamente enamorada de mi; hasta esta doberman, que me enseñó humildad y fidelidad. Ayer se acabó esa historia, con dolor claro... pero con la gratitud eterna, para esta mujer perrita, que en mis sueños volvió a correr, con sus ojos llenos de vida como para despedirse; y que hoy sepultaré, como debe uno hacer con quienes se aman y se llevan en el corazón y en el alma, por siempre, para siempre. Pelusa, que Dios te Bendiga. Hace algún tiempo, también le pedí a Francisco de Asís, que te tuviera en sus planes. No me cabe duda que estarás bien con el y que le entregarás tu felicidad, como hiciste conmigo. Te amo, te amo... perdóname si te hice mal alguna vez.
Te amo, eternamente te amo Pelusa y este vacío que siento, no se llena jamás, aunque con el amor que te tengo, no duele, porque el amor no se muere nunca.
Gracias por todo, por tus perros, por tus gracias, por tu linda postura. Gracias totales hermosa, fiel y humilde personita. Fuiste un lindo y largo regalo que Dios nos dio.
belen dijo
ooooooooooooo me puse a lllorar con esto de verdad fue extremadamente lindo
todos sabemos k la pelusa esta mejor k todos nosotros fuerza papi rene y usted mejor k nadie sabe k ella esta bien
:'( :'(
18 Abril 2007 | 12:09 AM