La Coctelera

Mas que un simple espacio, la vida entera e infinita...

Un espacio abierto sin forma ni limite, donde la palabra es el sentimiento transformado en letra.

7 Septiembre 2007

El Sur, sin lluvias...

A las 6:30 de la mañana; momento en el que desperté a Benjamín, él supo que me acompañaría en avión a Puerto Montt. El viaje, lo había planificado con la Clau durante casi dos semanas.

Ese día, él debía despertarse a la 9 para participar de las actividades que su grupo de comunión tenía para la semana Salesiana. Cuando se despertó, pensó que era la hora para esa actividad; pues jamás se imaginó, que partiría tan lejos junto a mi.


Dudó un rato, incluso en el baño, cuando debía estar despierto para con el agua, lavarse antes de partir. Preguntó varias veces si era verdad, si podía mostrar los pasajes… si estaba su ropa. Pues, todo estaba preparado, y solo había faltado que él, supiera que pasaría.

La Clau me había recomendando no dejarlo jamás solo, cuidarlo en extremo, como debe ser. Habíamos puesto juntos la ropa que él ocuparía, junto a la mía. No era tanta, pero estaba lista para que él no estuviera ni un momento desabrigado.


Finalmente, se despidió de todos. Empezó por el Cristóbal que dormía, lo que le provocó una profunda pena, que llegó a las lágrimas al rato. Luego, al decirle adiós a la Meli y al Ignacio, su amargura más terrible se notó, había sido con su inseparable Cristóbal. Con la Clau, soltó la pena, mientras oía las recomendaciones de su madre.

Nos fuimos rápidamente al aeropuerto, pasando antes a buscar la cámara que el tío George, nos prestaría tan amablemente como siempre. En menos de 25 minutos ya estábamos allá, asomados en las ventanas mirando el avión que nos llevaría varios kilómetros al sur. A esta altura, este hombrecito era literalmente un cabro chico con juguete nuevo, saltando, moviéndose de un lado a otro. Siempre soñé con ese momento, ese de ver a mis hijos, que esta vez tuvo como protagonista al Benja, a punto de subir al avión para, por primera vez, ver la tierra desde arriba. Fue muy linda esa sensación de verlo pleno.

Pasamos la manga y entramos al avión, nos saludaron las auxiliares de vuelo y nos encaminamos hacia los asientos, que daban a una ventana de los últimos asientos. Al rato, le regalaron un librito para pintar.

Antes de despegar, me impactó el nerviosismos que el Benja tenía, graficado de mejor forma en las manos que tenía apretadas entre si, en medio de sus piernas (ver foto). Solo por un descuido, no pude tomar las imágenes de su cara al momento de empezar el vuelo, pero me quedo en la mente guardada su cara de sonrisa nerviosa, adrenalina y mucha, mucha alegría.

La hora cuarenta de vuelo, se me hizo corta. Desayunamos, miramos una que otra nube, hasta que, mágicamente, el sur nos recibió tibio y soleado. Tomamos varias fotos, siendo especiales la toma del volcán Villarrica.


Nuestra estada en la décima región se hizo corta. Yo, en particular, conocí más de Puerto Montt en este visita, que en las dos anteriores. El Benja me hizo salir a caminar, visitamos Angelmó buscando regalos para todos en la casa, fuimos al museo, estuvimos en la misa de Don Bosco, tomamos sol sentados frente al mar, en fin.

Los días lindos, nos acompañaron también en Puerto Varas; estaba hermoso el lago, y la vista de los volcanes era una que no me había tocado ver. Estuvo todo bien, muy lindo.


Al regresar me sentí muy cansado, pero realmente feliz. Había vivido tres días lindos y acompañado de uno de mis cuatro hijos. Había tenido a mi cargo, al mayor de los hombres y había podido convivir 24 horas, de dos días en los que hablamos de todo un poco, en que pude dimensionar que no es tan simple llegar a la casa, preguntarle como está, que hizo, ni como se portó. El escucharle sus comentarios, sus salidas, sus bromas (mierdonal, la “concha de su madre” –que no es un garabato, es un chiste nuestro), sus sueños, sus boladas… me hicieron poner el cable a tierra con lo que yo pienso de él; pues no es un cabro así como lo veía, es mas lindo aun y complicado tal vez, pero es un ser hermoso, vivaz, feliz con un viaje que, de la noche a la mañana, se le apareció entre sueños; y un niño sano y profundo, que en cada cosa que hizo, no dejó de pensar en su hermano grande, en su hermano bebé, en su hermana y en su madre.


Así con la vida, el año pasado pasar siete horas caminando con la Meli, me hizo rendirme a sus pies. Hoy sigo haciéndolo con ella, pero además me rindo ante lo hermoso que ha sido visitar Puerto Montt con el Benjamín, reconocer que este niño es mucho mas de lo poco que veo en las noches, me ha hecho sentir alegría, pero también ansiedad por el poco tiempo que pasamos juntos. Por ahora, tengo mas que un solo recuerdo hermoso, los días soleados, las fotos, y esa cara de susto que al despegar, mi hijo puso solo para que yo viera. Feliz, bonito viaje y gracias a Sky que rebajó los pasajes para poder llevarlo.

Ni la caminata de Los Andes ni Puerto Montt ni Puerto Varas, serán lo mismo, sin mis hijos.

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Santiago, Chile
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Apasionado, para bien y para mal, que a veces excede juicios y discusiones, pero que al menos en esencia, jamás tiene la intención de dañar. El perdón y la humildad, son un regalo que Dios ha mostrado en el tiempo y se transforman en la herramienta para redimir las heridas que a veces, se provocan. La comunicación de sentimientos, es la fascinación más hermosa de vivir, así que, aquí está para ser compartida.

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